[Colchanderas y colchanderos. Parte III] Dinámicas internas y género

Las colchanderas y colchanderos del Valle del Itata, en la Región de Ñuble, validaron recientemente la investigación que permitirá el ingreso de su manifestación y técnica artesanal al Inventario de Patrimonio Inmaterial de Chile. Portal Patrimonio ha tenido acceso a la investigación rotulada como el expediente La Técnica de la Cuelcha o Trenzado con fibra de trigo en el secano interior del Valle del Itata”.

A través de varias notas entregaremos los resultados más relevantes de este informe que da cuenta del estado actual del elemento patrimonial del que resulta el insumo principal para la elaboración de la tradicional chupalla y otros productos asociados al modo de vida campesino; así como de su comunidad cultura.

El orden de las publicaciones que realizamos no tiene relación con la estructura de la investigación. En esta tercera nota hablamos de las Relaciones y dinámicas internas que se establecen en la práctica de la manifestación. También nos referimos al componente de género en la división social del trabajo

La técnica de la cuelcha, al insertarse dentro de un corpus de conocimiento que se sustenta en la reproducción de la unidad familiar en tanto soporte de subsistencia, se estructura sobre el despliegue de redes sociales de orden familiar. En este caso, redes familiares básicas y extensas.

Si bien colchar es una actividad que se realiza de forma individual, también se realiza bajo un marco colectivo, ya sea en el hogar con los familiares más cercanos o bien en grupos más amplios cuando se juntan vecinas y parientes por las tardes en alguna residencia.

Hay que considerar que colchar es una actividad que se realiza en paralelo a otras predominantes en el contexto doméstico, como ver televisión, cocinar, etc. Es una actividad asociada al “tiempo libre” en el hogar, en la que lo producido –la trenza de cuelcha- ingresa posteriormente en una cadena comercial informal. Por eso es que la flexibilidad del quehacer mismo del colchar está asociado a la dinámica cotidiana del ámbito más doméstico del mundo campesino, que en ocasiones y ciertos lugares agrega un nivel de organización mayor que se concreta en la reunión rutinaria de varias colchanderas a pasar la tarde mientras trenzan.

En términos de los roles de género, se atiende a que colchar es una práctica mayoritariamente cobijada al alero de la mujer, aunque no es excluyente.

En el inicio del proceso, el aseguramiento de los materiales necesarios también pasa por un tema asociado al núcleo familiar. La primera alternativa es la de la siembra y cosecha propia, que exige un trabajo que difícilmente se realiza en solitario. Ahí están el hombre y la mujer jefes de hogar involucrados y los otros miembros de la familia.

En los casos en que la siembra propia se ha desechado por algún motivo, básicamente de orden económico (falta de tierras) o físico (alta exigencia del proceso de siembra y cosecha), el abastecimiento de la materia prima se realiza mayoritariamente a través de familiares o vecinos, a los que se les compra o intercambia la paja o se trabaja a medias la cosecha de trigo destinado al colchar.

Es ya desde esta parte del proceso, el de la producción de la materia prima indispensable para colchar, que se constata la ausencia de cálculo de beneficios económicos tendientes a la acumulación de capital monetario que conlleva la actividad y su intrínseca asociación a un modo de organización de la vida campesina, al encontrarse vinculada a las redes familiares y los intercambios no expresados en términos exclusivamente monetarios.

De este modo, la siembra del trigo requerido es una parte del proceso que se conjuga de acuerdo a variables socioeconómicas en las que incide la familia pensada en términos amplios. Igualmente, se constata que existen, dentro de un evento productivo que tiene una de sus caras ligada a su condición comercial, pero organizado de forma informal, los intermediarios, productores y vendedores de trigo que permiten al/la productora evadir la parte más exigente físicamente del proceso, cual es la cosecha, limpiado, lavado y separación del trigo.

Ahí operan mecanismos de traspaso de información orales, se van dando voces de quien necesita o requiere trigo o quien vende en un determinado sector, y se realiza la transacción. En este escenario, los intermediarios componen un grupo que forma parte de la cadena comercial y que puede desempeñar, además de aquel rol, algún otro dentro del organigrama de producción y comercialización de la cuelcha.

Roles de Género

En términos de los roles de género, se atiende a que colchar es una práctica mayoritariamente cobijada al alero de la mujer, aunque no es excluyente.

Al ser una práctica vinculada a los “tiempos libres” de la vida doméstica campesina, mayoritariamente es la mujer quién, dentro del rol de organizadora del hogar, asume los pequeños espacios de tiempo que sus actividades domésticas permiten como momentos para colchar. Pero también el hombre de la casa cuelcha en sus momentos libres, por las tardes o llegada la noche, en los momentos en que se encuentra en el hogar.

Téngase presente que predominantemente colchar, es decir, la etapa donde se realiza el trenzado de la paja, es una práctica que se entiende como para “las tardes”, y con mayor frecuencia durante el invierno, donde hay menos cosas que hacer en el campo. Por lo que, para realizar la cuelcha, la  división de géneros no actúa como elemento predominante para su organización y ejecución, aunque algún grado de influencia ejerce en su relación con los otros ámbitos de reproducción de la vida campesina.

Esto se encuentra dado por las diferentes tareas que realizan hombres y mujeres dentro del calendario agrícola y laboral, estando vinculada a los hombres las tareas de preparación de la tierra, siembra y cosecha y también el trabajo asalariado fuera del hogar; mientras que las mujeres realizan tareas dentro del ámbito de lo doméstico, huertas y animales pequeños, además de trabajar como temporeras en cierto momento del año. Si bien dentro del mundo campesino se puede encontrar esta separación de roles según cada actividad, el trabajo también se realiza de manera colaborativa donde cada género puede tener tareas asignadas dentro de una actividad.

Es así como la cuelcha, desde la preparación de la tierra hasta la preparación de la paja, se puede realizar tanto por hombre y mujeres. La principal diferencia radica en el reconocimiento de los tiempos destinados para colchar, cada uno cuelcha entremedio de otras actividades, pero se reconoce a la mujer como la que más cuelcha por su presencia en el ámbito de lo doméstico; además de esta diferencia las mujeres reconocen en la cuelcha una fuente de ingreso de manera constante y cómo una estrategia laboral frente a la ausencia de otro tipo de trabajos en la zona.

Las relaciones de poder que enmarcan las relaciones de género podrían indicar un punto para explicar la asimetría existente al momento de la comercialización de las trenzas de cuelcha, ya que coincide el que los “compradores” son representantes del género masculino, mientras que los “productores” pertenecen mayoritariamente al género femenino. Es complejo abordar en profundidad los alcances de tal dimensión, puesto que, por una parte, las relaciones de género hunden sus dinámicas en pautas y normas sociales profundamente asentadas en la población y, por otra parte, el proceso de comercialización de las cuelchas conforman un escenario donde prima la informalidad de las relaciones entre los distintos actores sociales involucrados.

Por otro lado, las transformaciones en la producción y venta de la cuelcha han tenido influencia en sus roles de género actuales. La cuelcha al no ser producto final se comercializa en base a la relación con un intermediario o chupallero, pero antiguamente las mujeres, y también hombres, realizaban productos para su comercialización que eran vendidos en dinámicas similares a las actuales, intermediarios o ferias. En un momento del desarrollo de la cuelcha la elaboración de producción final en base a cuelcha comenzó a ser parte del mundo masculino, en desmedro de las mujeres colchanderas.

Cuando una colchandera está vinculada por matrimonio o familiarmente con un chupallero el trabajo de la confección de las chupallas puede ser colaborativo, ya sea porque ella  aporta con la cuelcha o en el proceso de la chupalla, sin embargo, solo una de las colchanderas relacionadas con chupalleros de este estudio se denominó a sí misma “artesana de la chupalla”, pero las antiguas “colchanderas que cosían” si son identificadas en el territorio.

“La mamá de ella colchaba de a siete y las cosía y las iba a vender a Coelemu, vendía todas sus… y esa plata que se hacía de las chupalla la tenía para comprar cositas para la casa.” (Colchandera de Reloca)

Como es sabido la cuelcha tiene distintos tejidos según la cantidad de pajas y el grosor de las mismas, destacando la diferencia entre la cuelcha “entera” y la fina. La especialización de cada colchandero y colchandera en la ejecución de un tipo de cuelcha depende de sus propias capacidades y satisfacción con el producto final que con una distinción de género. De esta manera, colchanderos pueden colchar una cuelcha muy fina y otros no y colchanderas pueden colchar cuelchas gruesas y otras no.

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