14 de febrero: Leonel y Luisa años de unión a través del amor y del baile chino

Este 14 de febrero se celebra el día del amor, fecha en la que se conmemora la obra de San Valentín, sacerdote que ejerció en la Roma del siglo III y quien entregara  su vida a cambio de hacer realidad las uniones de los soldados que, entonces, tenían una prohibición de casarse instaurada por el emperador Carlos II.

La fecha  –con distintas lecturas o historias- ha pasado a nuestros días como ocasión para celebrar el amor, la amistad y los afectos. Es por ello que, conscientes de las relaciones que se forjan al interior de las comunidades, queremos felicitar a todos los cultores y cultoras que, junto a su pasión por las prácticas o saberes del patrimonio inmaterial que le caracterizan y apasionan, encontraron en un par el compañero o compañera de ruta.

Era agosto de 2016 cuando viajamos para acompañar a los bailes chinos de la región de Coquimbo en la fiesta religiosa a la Virgen del Tránsito, en la comuna de Canela, provincia del Choapa. Según el calendario litúrgico, cada 15 de agosto se celebra la asunción de la Santísima Virgen María. Al término de la novena, en Canela los pobladores celebran con una fiesta en su honor.

Entre los vecinos y devotos que se congregaron en la plaza del pueblo, romanceros, gitanos y agrupaciones de danzantes y de bailes chinos se juntaban para agradecer a la Virgen, antes de iniciar la procesión. Allí los divisamos por primera vez. Ella llevaba un estandarte y él de impecable traje verde fosforescente.

Al término de la procesión, los chinos se apartaron para desarrollar un encuentro regional de cultores de Bailes Chinos, elemento que está en el Registro de Patrimonio Cultural Inmaterial en Chile y la única expresión cultural del país en la Lista Representativa de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Allí estaban, juntos; sentados y cómplices.

Eran Leonel y Luisa. Décadas de relación de pareja, de amor… y de trabajo por el Baile Chino Canterino n° 6. Él, el jefe; ella, la abanderada y estandarte. Nos acercamos y le pedimos conversar.

Registramos la conversación donde le preguntamos por la participación de Luisa en una manifestación devocional que históricamente fue masculina. Ríe, y con mirada seductora, dice que “con el tiempo están entrando muchas damas a los bailes. Y yo pienso que si no queremos que mueran los bailes tenemos que integrar mujeres, porque la mujer le da vitalidad y todo eso que le falta al baile chino. Si mujeres no somos nada”. Luisa sonríe y acepta con la cabeza. También conversamos con ella.

Dos años después volvimos a la región. Específicamente a Andacollo, con motivo del Encuentro Nacional de Bailes Chinos. El primer día alguien se nos acerca por detrás. Estaba sonriente y nos dice “se acuerdan de mí”. Era Luisa. Muevo la mirada unos centímetros y allí estaba su Leonel de siempre. Se acurrucan y nos refrescan la memoria: “Somos del baile 6 de La Cantera. Nos conocimos en Canela”. Conversamos de la vida, el baile, de cómo iban las cosas y de otras novedades. A pesar de los años, la alegría y vitalidad en esta pareja es asombrosa. Intacta. Nos dimos tiempo para algunas tallas y chistes. Y aprovechamos de preguntarle, ¿y bueno ya Luisa decide algo en el baile o sólo la bandera? Ella levanta la ceja y se miran, nuevamente cómplices. “Sí, ella me dice por aquí, sí; por aquí, no”, comenta un pillo Leonel. Otro cultor cercano dije en voz alta ella «es la jefa del jefe«.

La alegría sobrevive los años. La monotonía parece no existir. Caminar juntos es la manera que encontraron en la vida, en la devoción y en su baile chino.

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