[CRÓNICA] “El Pije es el que la lleva”: Carnaval de Toconao

Por: Verónica Arévalo. Encargada Regional de Patrimonio Cultural Inmaterial. Antofagasta.

El carnaval es una de las fiestas más importantes de los pueblos del interior de nuestra región de Antofagasta. Durante los días que abarca, las comunidades agradecen por todo lo bueno que se ha vivido y ruegan por el año que inicia, a través de la música, el baile y la risa. Este último aspecto es quizás el menos mencionado, pero creo que uno de los más importantes. Los participantes ríen en todo momento. Es con risa que cantan, ejecutan los instrumentos, improvisan coplas (incluyendo algunas más pícaras) y bailan. En algunos poblados, los personajes conocidos como achaches (personas con máscaras que representan a los guardianes) realizan diálogos jocosos con los anfitriones de las casas contando chistes y haciendo bromas a los asistentes.

Los achaches comparten con la gente del pueblo y participantes en el carnaval.

Fui invitada a participar de la rueda de don Alejandro González (Tesoro Humano Vivo, llamado “El Pije” por sus conocidos) en el pueblo de Toconao.  Nadie recuerda el año exacto de su creación, pero los hijos de don Alejo me dicen que existe desde que nacieron, lo cual le da por lo menos medio siglo de vida. El día domingo se inicia con un almuerzo ofrecido por los alféreces a todos los que deseen participar de la rueda. Después de la comida, en conjunto se dirigen a la Quebrada de Jerez, lugar en que se realiza el pago a la tierra.

Pago a la tierra en la Quebrada de Jerez.

Este año, el principal ruego fue por la salud de don Alejandro y el deseo de que las enfermedades que lo aquejan sean aliviadas y vividas con bienestar.

Después del pago a la tierra descienden los achaches por los cerros de piedra blanca, acompañados de la música del acordeón de botones, el bombo y el pandero. Una vez que los achaches se reúnen con los participantes, comienza el baile acompañado del lanzamiento de challas, de la cual ninguno de los asistentes se libra.

«La Rueda del Pije» cantando y bailando mientras reciben las challas.

La estructura del baile comienza con las coplas que se cantan mientras los asistentes giran en dos círculos concéntricos: el interior de mujeres y el exterior de hombres. Una vez que finaliza esta parte (de duración variable), se realiza un pie de cueca nortina. Las cuecas que se interpretan son de creación de don Alejandro. En esta oportunidad se estrenó una que habla sobre los artesanos de Toconao y otra dedicada a un amigo del pueblo que falleció. Después del pie de cueca, se finaliza con otra secuencia de coplas. 

El recorrido hacia el pueblo incluyó una detención en el cementerio en la cual se homenajeó a las almas del más allá, con música y bebidas challadas al suelo con la mano izquierda (según me explicaron, con la derecha es para la tierra, con la izquierda para las almas). 

Los músicos y don Alejandro cantan en el cementerio a las almas que ya no están.

Después de este emotivo momento, se continuó con la visita a las casas en las que los dueños tenían preparados ofrendas para los achaches y la rueda. Para los anfitriones es una alegría recibir el carnaval y por eso, al momento de la retirada, dicen con sinceridad: “Vuelvan. Los estaremos esperando”. Estas visitas se extenderán a lo largo de una semana, cerrando el ciclo hasta el próximo año.

Don Alejandro y su esposa durante el carnaval.

Don Alejandro y su esposa se ven felices, al igual que sus hijos, nietos y toda la familia extensa que los acompaña. Aunque le resulta difícil caminar, el Pije es el que la lleva, tal como dice el lema que los presentes repiten entre canción y canción. 

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